Ya era cerca de las diez de la noche cuando Mateo tocó a la puerta del apartamento de Sofía.
— Fuiste rápido — dijo al abrir la puerta.
— Me emocioné tanto con tu invitación que agarré la primera ropa que encontré. Solo en el camino me di cuenta de que no debía vestirme de cualquier manera — explicó.
Mateo vestía ropa de tonos oscuros y encima, un abrigo negro.
— No necesitas mucho, cualquier cosa te queda bien. Estás guapo.
Sus ojos brillaron al recibir el cumplido, lo que la hizo sentir incómo