Al ver una vez más que Mateo estaba yendo demasiado lejos con sus ideas, ella se alejó.
—Voy a entrar, creo que deberías ir a tu casa —dijo Sofía, dándose la vuelta para irse.
—Sofía, ¿por qué estás actuando como si fuera un extraño para ti? —preguntó él.
—¿Y por qué estás actuando como si pudieras mandar o opinar sobre mi vida? ¿Te das cuenta de lo que acabas de decir?
—Solo quiero tu bien. No veo buenas intenciones en la mirada de ese hombre, siento que si sigues allí, acabarás lastimándote.
—