52. Una espera no sincera
—Es todo por hoy —Gianluca entrega los dos portafolios—, asegúrense de que los productos cumplan con los estándares de calidad. No quiero desperdicios, así qué mantengan los niveles óptimos del inventario.
—Señor Mancini —expresa la única gerente qué no estaba en el circo qué encontró hace un par de horas—, qué feliz estamos por verlo de regreso.
Gianluca no responde. Sólo asiente en su aura serena, porque pese a no alarmar a su esposa, el malestar está presente.
—Haremos lo qué pidió. Para mañ