51. Una bestia insaciable
De pronto, Gianluca logra qué cada uno de sus sentidos se detengan, porque sus palabras tienen efecto. Todo su rostro se sonroja. No sabe cómo continuar para no delatar su sonrojo y lo qué produce estar sentada en sus piernas, con su mano acariciando su cintura, con su cuerpo dispuesto a quitar el frío de todo éste tiempo, con sus labios arrebatándole el aire.
“Úsame.”
Elena mueve la cabeza, y con una pequeña sonrisa mira hacia abajo.
—Hay mucha gente qué esperaba verte —Elena responde, todavía