POV Nathan
Noah estaba en el suelo de la sala, rodeada de muñecas.
Había armado una especie de mundo propio: pequeñas voces, historias improvisadas, risas suaves que llenaban el espacio de una calidez que hacía tiempo no sentía.
—No, tú no puedes irte —decía, moviendo una de las muñecas—. Porque ella te necesita.
Hizo una pausa, como si escuchara una respuesta imaginaria, y luego negó con la cabeza.
—Sí puedes… pero tienes que volver.
Mi pecho se apretó al escucharla.
Porque no era solo