35. Mi misión
Rayan Sotomayor
La ciudad se sentía ajena, distante. Sus calles, que en otro momento hubieran sido un reflejo del bullicio y la vida, ahora parecían un escenario marchito de una obra detenida en el tiempo. Me encontraba aquí, atrapado en una rutina vacía, pero con la mente fija en un solo pensamiento, en un solo nombre.
«Sofía.»
Intenté ponerme en contacto con ella de todas las formas posibles, pero el miedo y la vergüenza seguían aferrándose a mi pecho como cadenas invisibles. La cobard