Sed de su sangre.
—Flor —su voz era tranquila, como si supiera que ella le preguntaría esto—. Tu protección es su responsabilidad, si él no te protege, o si mueres, perderá el trono y no te preocupes, le haré firmar un rollo. Además, no soy desalmado, si es que alguna vez durante todo el matrimonio, si quieres divorciarte de él, puedes hacerlo. Pero entonces él no perderá el trono porque serás tú quién; retroceda y me aseguraré de darte una vida de libertad —él le aseguró.
Era demasiado para asimilar. Su mente