—Ahora, ¿cómo te castigaré por intentar matarme? —murmuró haciendo una mueca pensativa mientras caminaba por el espacio antes de detenerse y sus ojos se iluminaron con malicia.
—Sera una dulce tortura. ¿Alguna vez te has roto los dedos? —él preguntó un poco emocionado y su corazón cayó en el abismo de un vacío aterrador.
Ella mantuvo la boca cerrada y trató de mantener la calma mientras él se acercaba a ella.
Ni siquiera la dejó prepararse antes de agarrar el dedo índice de su mano izquierda y