Cassian había estado dormido, quizás herido, mientras ella lo maldecía en silencio cada noche solitaria. El peso de esos cinco años cayó sobre ella.
—Mamá, ¿Estás enfadada? —preguntó Klarissa con los ojos llenos de preocupación.
Katherine negó con la cabeza como pudo.
—No, mi amor —susurró—. No estoy enfadada. Estoy... feliz. Tan feliz.
Cassian sonrió ladinamente como si pudiera meterse en su cabeza y leer cada uno de sus pensamientos.
Kash fue el primero en bostezar, frotándose los ojos con el