La noche era más fría de lo que cualquier cachorro de cuatro años debería soportar, pero Kash, Klarissa y Christian Volkov no eran cachorros comunes y esa noche, mientras su madre dormía inquieta en la casa de la manada,, los tres pequeños habían escapado.
Todo había empezado con Klarissa.
Ella era la única que había heredado un eco del poder de su madre, no el control del tiempo, sino una afinidad extraña con las piedras, los cuarzos y los cristales, solo que los cachorros no tenían ni idea d