Ella tragó saliva, sintiendo que el muro que había construido durante años comenzaba a resquebrajarse al estar sola en esa habitación con Cassian.
Él tenía razón, lo deseaba demasiado para su propio bien.
Sus dedos comenzaron a trazar una línea de su mandíbula y luego descendían hasta su cuello con una lentitud tortuosa. Katherine sintió que su corazón latía demasiado fuerte contra la yema de sus dedos.
—No te inventes cosas —susurró ella aunque la protesta sonó débil incluso a sus propios oídos