Capítulo 109.
El sol se esconde por el horizonte y Alfa Randolf, así como cada uno de los guerreros que lo acompañaban, estaban llegando al castillo, el mismo lugar de su manada que se suponía debía estar seguro e inquebrantable.
Sin embargo, en el instante en que sus guerreros alcanzan a identificar el estado tan deplorable y el dolor a hollín que los estaba inundando, Randolf teme lo peor.
“ ¡No, Alena, no, por favor, no pude haberte perdido!”
En ese momento el lobo de Randolf comienza a correr desesperado