—¡Johanna! — un grito interrumpió su conversación… era la misma mujer que había llevado a Allegra a la celda, otra mujer pelirroja con cara de pocos amigos
—¿Ahora qué mierda quieres, Sarah? — respondió Johanna en tono de fastidio
—Deberías estar en la cocina en estos momentos— gruñó— y te encuentro aquí platicando como si fuera un domingo por la mañana muy quitada de la pena…
—Hoy me toca el patio— la mujer cruzó los brazos— ahora voy… el patio no se va a ir a ningún lado…
—Te toca la cocina t