Capítulo Veinticuatro

Alexis

Entré al apartamento con tres bolsas del supermercado en las manos. Literalmente me tapaban los ojos. Y de ninguna manera iba a cocinar esta noche. Si Erica no cocinaba, íbamos a morirnos de hambre.

—¡Erica! —grité mientras me dirigía al mostrador de la cocina y dejaba las bolsas sobre él.

—¡Erica! —volví a llamarla.

—¡Estoy aquí! —respondió ella a gritos.

Y la encontré en su habitación.

—¿Qué es eso? —pregunté, señalando una caja rarísima que estaba sobre su cama.

Estaba a punto de resp
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