Alexis
Entré al apartamento con tres bolsas del supermercado en las manos. Literalmente me tapaban los ojos. Y de ninguna manera iba a cocinar esta noche. Si Erica no cocinaba, íbamos a morirnos de hambre.
—¡Erica! —grité mientras me dirigía al mostrador de la cocina y dejaba las bolsas sobre él.
—¡Erica! —volví a llamarla.
—¡Estoy aquí! —respondió ella a gritos.
Y la encontré en su habitación.
—¿Qué es eso? —pregunté, señalando una caja rarísima que estaba sobre su cama.
Estaba a punto de resp