La luz del sol comenzaba a alumbrar la habitación, mientras Diego tenía a Mateo en sus brazos acurrucado, lo miraba entre besos y ronroneos.
—Buenos días amor —saluda Diego con una sonrisa, mientras Mateo se acurrucaba en su cuello.
—Mmmm ¿no fuiste a la empresa? —Susurra Mateo con la voz ronca.
—No y esa voz en la mañana me encanta…
—Mmmm ¿de verdad? ¿por qué?
Diego toma la mano de Mateo llevando hasta su miembro, que se encontraba duro, Mateo sonríe de inmediato.
La puerta es abierta de un go