El día comenzaba de nuevo, sentados en la mesa del comedor desayunaban mientras contactaban con la empresa que los llevaría a ver la casa, que prometían que tendría la mejor vista de un lago cercano.
—Amor, esta casa creo que te gustará —Comenta emocionado Diego llevándose a la boca una rebanada de pan tostado.
—¿Estás seguro? Mmmm… hasta ahora las que hemos visto no me gustaron.
—Lo sé amor, me lo hacías saber —bromea recordando cada berrinche que hacía frente al asesor de bienes y raíces,