Mateo sonríe, sentándose, se apoya contra la cabecera de la cama para que Diego pusiera sobre sus muslos una de las charolas.
—Ahhh ¡piñas! ¡uvas! ¡bananas! y ¡huevos revueltos! —da un chillido de alegría emocionando a Diego en gran manera, era más que seguro que su amado estaba feliz con lo que se llevaría a la boca.
—Mateo, eres hermoso —Susurra Diego mordiéndose los labios —tu felicidad es la mía —Dice llevando la suya a la cama sentándose a un lado disfrutando en la mejor compañía que pod