El día iniciaba, Diego aún seguía dormido plácidamente, pero la inquietud de su Alfa lo despierta aturdido.
—¿Que sucede Alfa?
—Algo está mal, debes buscar a Mateo
—¿Mateo? ¿puedes sentirlo?
—Su aroma, el de su Alfa, ¡debes detenerlo ahora!
Sin entender lo que sucedía, Diego va al baño a ducharse lo más rápido posible, tomando lo primero que encontraba se viste para salir de su departamento.
—¡Mierda! Mateo, no está en su departamento.
Su Alfa comienza a gruñir al percibir el aroma de Mateo por