Pov Leina
Me acurruqué contra el fuego, escuchando de nuevo aquellos espantosos chillidos, pero esta vez sonaban más lejanos.
Quería pensar en algo que me distrajera del pequeño dolor que sentía en mi corazón; sin embargo, tenía la mente más en blanco que otra cosa.
Solo me concentré en el fuego, que esparcía diminutas bolitas resplandecientes que luego se apagaban en el aire. El sonido de las ramitas crujiendo dentro de él me mantenía despierta.
—Deberías comer algo; no has tocado nada de