Príncipe Keith
Se suponía que el aire de la montaña limpiaría y calmaría las implacables exigencias de la mente. Había buscado su dureza con el propósito específico de olvidar. O, al menos, de expulsar la imagen de Heather de mi conciencia.
Pero fue un fracaso rotundo.
Cada respiración en mis pulmones parecía agudizar su recuerdo en mi mente. La montaña no me ofrecía lo que quería, sino que mi mente era una tempestad, enfurecida con ella. Veía su rostro cuando cerraba los ojos, oía el eco de su