Capítulo 48: Alma rota.
El azote de la naturaleza era imparable… el viento aullaba como un animal herido, arrancando hojas y ramas de los árboles con una furia descontrolada. El aire era frío y cortante, lleno de un olor a tierra mojada y electricidad estática que anticipaba algo más que una simple tormenta.
Arthur corría a través del bosque, sus grandes patas hundiéndose en el barro con cada zancada. El sonido del viento era ensordecedor, pero no tanto como el martilleo de su propio corazón, que parecía querer escapa