Una semana había pasado desde la muerte de Anna, una semana en la que parecía que el mundo se había sumergido en un completo caos. Arthur no había retomado su forma humana en todos esos días, Anette se había encerrado en su casa, convirtiéndola en la fortaleza impenetrable a la que nadie podía ingresar sin someterse al azote de la naturaleza que se asemejaba a un guardián furioso.
La tensión era más que palpable, las reuniones del consejo se habían convertido en un campo de batalla, donde ningu