Ignazio debió anticipar que su primo pasaría por alto sus amenazas. Su juicio estaba dañado, al igual que su instinto de supervivencia.
Horatio dio un paso al costado y luego otro hacia adelante. Otra vez estaba al alcance de Luciana. Antes de que pudiera hacer algo para evitarlo, él le dio la mano y ella la tomó.
—Soy Horatio —dijo él y se inclinó a darle un beso en la mejilla—, el primo favorito de Ignazio.
Se sentía muy tentado a tomarlo de la parte de atrás del cuello de su camiseta y arras