Clara se estremeció al sentir aquella lengua rasposa de su anterior atacante pasar por las heridas que él le había provocado en su lomo y cuello durante la noche. Ya había amanecido, era lo que le indicaba la poca luz que entraba en aquella habitación. Sin embargo, para ella aún era oscuro. Estaba en una esquina hecha una bola temblante, con su cuerpo adolorido, con desgarro en su interior dado el nudo que había intentado sacar solo causándose más daño del que le había hecho, y el semen del lob