Trabajar en la tienda de pasteles fue un verdadero desafío, pero me sentí como nunca antes. Sara me enseñó lo básico para que me defendiera por las primeras horas en la cocina. Al principio, solo tuve que encargarme de la batidora industrial y de amasar las mezclas que ella me entregaba; sin embargo, sentí que metía la pata con regularidad y aunque no me lo decía, yo sí la veía torcer los labios y volver a hacer lo que yo ya había hecho. Pasada una hora, creí que lo estaba haciendo tan mal que