Cuando todos mis sentidos estaban bloqueados, fueron las emociones que sentí. Estaban en su punto más crudo: mares agitados de rabia y repugnancia, lagos hirvientes de odio y desesperación. Esas emociones enconadas y venenosas burbujearon debajo de mi piel, hurgando y arañando mientras luchaban contra mi control. Flotando en esa oscuridad, con nada más que esas emociones carnales guiando mis pensamientos, no podía recordar por qué las estaba reteniendo en primer lugar, por qué rehuí lo que podí