En un lujoso consultorio una pareja observaba feliz cómo su hijo comenzaba a dejarse ver. Dana ya tenía cuatro meses de embarazo por lo que no solo se veía muy bien, sino que ya se podía saber el sexo del bebé. Era el momento más feliz de la vida de ambos, a pesar de qué, algunas cosas no habían salido como ellos esperaban.
Anahí había intentado impedir el divorcio durante más de dos meses, y recién en el tercero había terminado de firmar los acuerdos, a pesar de que ella había quedado como la