—Me odia. Lo sé —murmuró Maddie.
Maddie rodeó la taza de café con ambas manos y la acercó a sus labios.
—Despacio, chica. Vas a quemarte con eso —advirtió Lydia.
Maddie ignoró a Lydia y tomó otro sorbo.
Maddie llevaba quejándose desde que se despertó. Del tono de Kim. De la manera en que Kim había irrumpido en la oficina de Maddie la tarde anterior. Del comité de revisión jurídica del que Kim había retirado a Maddie sin consultar a nadie.
—¿Ella es tu jefa o qué? —preguntó Lydia, cada vez más i