El estacionamiento estaba casi vacío cuando Madeleine finalmente bajó.
Ya tenía las llaves en la mano y su mente seguía repasando las cifras de la sesión informativa cuando una voz sonó detrás de ella.
—Debes estar cansada de trabajar demasiado.
Madeleine se giró. Harrison estaba de pie a unos pasos de distancia, con las manos en los bolsillos y mostrando una calma que no tenía ningún sentido durante una crisis empresarial. Él le sonrió de la manera en que siempre lo hacía, como si verla fuera