—¿De verdad volvió para hablar? —preguntó Lydia mientras ponía la mesa para la cena.
Maddie había llegado a casa unos treinta minutos antes de lo habitual y, desde el momento en que cruzó la puerta, había estado contándole a Lydia todo lo que había ocurrido en la oficina aquel día. Ayudó a Lydia a llevar la comida a la mesa mientras respondía.
—Dijo que quería hablar.
—No tiene vergüenza. Me alegra que te hayan puesto a cargo.
Maddie no respondió. Comenzó a comer en silencio.
Su teléfono vibró