Era atardecer.
Adriana salió del hospital, suspirando mientras miraba la orden en su mano. La forma en que Sergio la miraba le impedía rechazarla.
Mientras contemplaba, recibió una llamada telefónica. Era Roxana.
—Hola
Una voz enérgica llena de vitalidad. A Adriana le pareció agradable escucharla mientras miraba la puesta de sol. Casualmente preguntó:
—¿Ya recibiste tu salario?
—¡Inteligente!
Roxana evidentemente estaba de buen humor.
—¿Dónde estás? Te recojo, vamos a tomar algo.
Adriana respo