Omar se quitó los guantes, los tiró en la mesita y volvió a sentarse en el sofá.
—Te he subestimado. Los trucos que empleaste en el pasado no eran nada —dijo con voz grave.
Adriana sonrió y se sentó frente a él.
—Gracias por el cumplido. Sin embargo, no tengo segundas intenciones.
Al decir esto, le puso delante un plato de frutas.
—Toma algo de fruta para refrescarte.
Omar desvió la mirada hacia el plato de frutas.
—¿No te apetece comértelos? —Adriana le sirvió un vaso de zumo—. ¿Qué tal un zumo