Adriana fue a la zona interior y buscó el número de la habitación. La habitación estaba vacía y los camareros le dijeron que Omar se había marchado en un carrito de golf. Decidió buscarlo en el campo de golf, refunfuñando por tener que caminar tanto por su culpa.
El sol brillaba en el cielo y ayer había llovido. El campo cubierto de hierba desprendía un aroma fresco y el aire era cálido y húmedo. Empapada en sudor, Adriana vio por fin el carrito de golf de Omar. Corrió rápidamente ladera abajo p