En realidad, Adriana aún esperaba que madre e hija Restrepo pudieran vender la casa para salir de esta situación, pero en cuanto abrió la boca, Amanda comenzó a llorar.
—No puedo abandonar a papá— dijo Amanda con determinación.
Con esas palabras, no había mucho más que decir.
El abogado consideró que robar el título de propiedad no era factible. En primer lugar, Amanda no era la dueña de la propiedad, y en segundo lugar, si su madre se enteraba y causaba problemas, su bufete de abogados saldría