Adriana movió su silla hacia el borde de la mesa de juego. Quería alejarse un poco. Sin embargo, el hombre a su lado extendió la mano y tiró de su silla hacia la posición más cercana a él. Con su cuerpo recostado hacia atrás, su brazo podía descansar fácilmente detrás de ella.
Adriana enderezó la espalda, evitando el contacto.
Sabía jugar al póker, y no solo eso, era una experta. A pesar de ello, mantuvo la calma en su rostro, pidió al crupier que repitiera las reglas, y al final, aparentando no