POV Amara
Dos semanas.
Habían pasado exactamente dos semanas desde la última vez que Killian y yo cruzamos la línea invisible que separaba lo “permitido” de lo “prohibido”.
Desde entonces, nuestras noches se habían convertido en una coreografía silenciosa, la cena servida a las ocho, el sonido metálico de los cubiertos, la lluvia ocasional golpeando las ventanas y el silencio. Siempre el silencio.
Después de cenar, él me acompañaba hasta el pasillo y, más tarde, cuando las luces de la casa se a