POV Killian
El reloj del coche marcaba las 20:47 cuando el conductor se detuvo frente a la mansión de los Argento.
La lluvia fina hacía que las luces de la fachada brillaran como oro mojado. Todo en aquella casa exhalaba poder y control, dos elementos que, irónicamente, me asfixiaban.
Bajé del coche, acomodé el saco y respiré hondo.
El viento húmedo trajo el perfume familiar de las magnolias y, por un instante, sentí el sabor amargo de la obligación.
Sabía lo que me esperaba allí dentro. Y no q