POV Amara
La tarde llegó perezosa, como si el sol hubiera decidido que también necesitaba descansar.
Dominic salió hace poco. Dijo que tenía que resolver algunos asuntos pendientes en la oficina del edificio, “cosas de la nueva empresa”, lo llamó.
Desde entonces, la casa quedó en silencio.
Silencio de verdad. De esos que nos permiten escuchar nuestros propios pensamientos… y, a veces, ese es el peor tipo de ruido.
Me quedé sola con mi taza vacía, el aroma del café todavía flotando en el ambient