Nadina
Ingresé al apartamento que habíamos rentado, él para sus congresos, cursos y yo para mis dos exposiciones. Era mucho más grande que el apartamento de Eros. De hecho, este sí lo sentía mío. Tremenda ironía, y desde que salí de Colombia no he dejado de sentirme que estaba realizando algo de manera equivocada.
Dejé la maleta a un lado de la cama, encendí la calefacción, no saqué nada de mis pertenencias, solo quería acostarme; me quité los zapatos y el resto de la ropa hasta quedar solo en