La mañana avanzaba lentamente sobre la selva, pero a miles de kilómetros de distancia, en Dubái, el ambiente estaba muy lejos de la tranquilidad. Desde los ventanales de cristal que dominaban la ciudad, el sol se reflejaba sobre los rascacielos como si estuviera cubriendo de oro cada edificio. Sin embargo, dentro del despacho de Joaan Al Nayef, el aire era frío. Pesado. Tenso. El Jeque permanecía de pie frente a la inmensa ventana, con las manos entrelazadas detrás de la espalda y la mirada per