Debe ser mi ilusión, ¿cómo podría Gael alegrarse por mí?
—Mejor me voy, para evitar que Araceli nos malinterprete.
Al ver que Gael guardaba silencio, Bianca continuó con el espectáculo. Los ojos de Gael cambiaron y la abrazó mientras le besaba la frente como intentando reconfortarla.
—No tengas miedo, no se atrevería a hacer nada.
Ver como Gael no se inmutaba ni en lo más mínimo me enloquecía. La cerradura de la puerta giró y me quedé helada.
Mi padre compró esta casa el año que me casé, le preo