Cuando sus amigas se volvieron-
—Oh, sí, nos encontramos con el señor guapo aquí cuando llegó aquí. Casi estaba quemando este lugar con su ira —Rocío dijo, moviendo las cejas hacia Amelia, quien se sonrojó de un rojo intenso, haciendo que sus amigos compartieran una mirada secreta.
Cuando Maximiliano escuchó su nombre, se acercó a ellas.
—Hola, señoras.
—¡Oh Dios... tiene una voz profunda! —Glenda susurró.
—Y él también cocina —susurró Amelia y luego se aclaró la garganta—. Maximiliano, ya