94 - No tengo la culpa.
ARTURO BRUSQUETTI.
Cuando me llamaron, avisándome que mi esposa estaba siendo perseguida por sicarios; mi cuerpo se estremeció por completo, imaginando la peor. De inmediato, me puse de pie y corrí hacia la dirección que me indicaron. Para mi sorpresa, no había nada en el lugar, a excepción de Patricia, caminando hacia mí.
No tenía tiempo para estos juegos estúpidos. Mi esposa estaba en peligro.
— Ella ya debe de estar muerta — comentó como sin nada —. Espero que así sea.
Ignoré sus palabras