El final de la fiesta fue uno de esos momentos que uno quisiera poder repetir para siempre. Poco a poco, todos fueron despidiéndose, todavía llenos de risas, sonrisas, abrazos largos y promesas de que, sí, tenían que repetir aquello más veces. Helen acomodaba a David en el asiento para bebé, mientras Ethan se despedía de sus padres, de su suegro y de los amigos.
—¿Está todo listo, amor? —preguntó él, acomodando la mantita sobre su hijo.
—Todo. Su bolso está en el coche, los pañales, el biberón…