La noche caía sobre la ciudad, tiñendo el cielo de tonos oscuros y profundos. Las luces de los edificios centelleaban como estrellas artificiales, pero en un apartamento aislado, lejos del bullicio urbano, Miranda observaba todo con ojos fríos y calculadores. Sentada frente a una pared repleta de monitores, contemplaba las imágenes captadas por cámaras ocultas. Cada pantalla mostraba un ángulo distinto de la vida de Ethan y Helen: la oficina de Ethan, la sala de reuniones, el pasillo del piso 1