Helen siempre había sido una mujer de palabra. La determinación era su marca registrada. Cuando decía que iba a ir despacio, lo decía en serio. Que daría espacio, que respetaría el tiempo, que priorizaría reconstruir su relación con Ethan. Que ahora sería diferente. Más maduro. Más sólido.
Pero nadie le avisó a su cuerpo. Porque, por más firme que fuera su mente, el resto de ella gritaba por él. Era su mirada intensa al despertar. La forma en que su voz se volvía ronca al susurrar “buenos días”