Dominic despertó en la casa de la tía Regina, aquella anciana dulce y consentidora que había sido como una madre para él. Recordaba con cariño los meses en que ella se había encargado de él, mientras su madre, Olivia, lidiaba con un embarazo complicado de su hermana, Emma. La tía Regina había abierto su hogar con los brazos abiertos, convirtiéndose en un refugio seguro para él.
Se estiró en la cama, sintiendo sus extremidades un poco entumecidas, y deslizó sus pies envueltos en las pantuflas pe