El sol comenzaba a despuntar en el horizonte, iluminando el huerto de la tía Regina con una luz dorada que realzaba los colores vibrantes de las hortalizas. Sin embargo, a medida que Fabián y Violet se adentraban en el lugar, la belleza de la mañana se veía empañada por la devastación que les aguardaba. Las hortalizas, que alguna vez habían sido el orgullo del lugar, mostraban signos evidentes de daño. Los tomates, antes brillantes y jugosos, estaban mordisqueados y marchitos. Las lechugas, des