Mirella se recostó en la cama, respirando profundamente mientras intentaba concentrarse en las notas relajantes de la música que sonaba en su habitación. Sin embargo, su mente no lograba despejarse. Las preocupaciones y las dudas se arremolinaban en su interior, oscureciendo cualquier intento de alcanzar la calma.
Cerró los ojos por un momento, tratando de alejar los pensamientos que la atormentaban. Pero fue en vano. La imagen de su esposo Raid, amenazando, imponiendo como solía, se mantenía