85.

Los labios de Kevin eran suaves, pero fue una sensación extraña el besarlo porque no sentía absolutamente nada. No hubo una calidez en el estómago, no me temblaron las rodillas, no sentí esa mágica chispa que se supone que debía sentirse. Porque lo había imaginado por un momento, mientras recortaba la distancia que nos separaba para besarme. Lo pensé: ¿y si tal vez Kevin fuese el amor de mi vida? ¿Y si tal vez fuese la persona que el destino tenía preparada para mí, para que olvidara de una vez
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